Al pan, pan; al pene, pene; al terrorista…

Alguna ocasión en el extinto Política, titulé un trabajo periodístico así: “Al pan, pan; al pene, pene”… es seguro que era la entrevista a un doctor o psicólogo que recomendaba a los padres de familia dejar de llamarle al pene, “pajarito”, y la vagina, “cosita” u otros adjetivos.

Esto lo recuerdo porque ahora, los Congresistas de Estados Unidos piden cambiar el estatus a los Cárteles del Crimen de México para que dejen de ser simples delincuentes y pasen al nivel de terroristas.

Cuando ocurrió la tragedia de Caballo Blanco, que quemaron el local con gente adentro, y luego las autoridades del Gobierno estatal advertían que no era la primera vez que el Crimen Organizado quemaba negocios, a todas luces era evidente que ya no se trataba de simples malhechores, sino de terroristas.

Luego ocurrió lo de Ovidio… el Gobierno del país fue sometido por terroristas, no por un Cártel que amenazó con el caos si no liberaban al cachorro del Chapo… capítulo aparte merece este episodio, el de Ovidio…

La percepción que se ha generado en el país, es ésa: México sometido por un Cártel y luego entonces, la otra percepción: cualquier grupo criminal es capaz de amenazar al Gobierno y seguir haciendo su santa voluntad. Sigo con las percepciones: si había gente sin ismos, sin filias, ciudadanos, que creían y esperaban un cambio con el Gobierno de López Obrador, después de Ovidio hay una especie de frustración, decepción, desencanto muy parecido al de esa esposa que sorprende a su infiel marido… ¿recuerda ese cuento? ¡Le cuento!

Llega la mujer a la oficina de su esposo y no encuentra a la secretaria de recepción en su lugar, por lo tanto, decide entrar directamente a la oficina y al abrir la puerta, se encuentra a su esposo, a orilla del escritorio, con los pantalones en el suelo, con su secretaria y no precisamente dándole el dictado… al verse sorprendido, el hombre sólo atina a decirle: “¡Mi vida, no es lo que crees! ¡Lo que ves no es!” y sin mediar palabra, la mujer salió con frustración, decepción, desencanto, de esa oficina, seguida del marido que trastabillaba intentando subirse los pantalones mientras mantenía las mismas líneas: “¡Mi vida, no es lo que crees! ¡Lo que ves no es!”

Así mucha gente después de Ovidio, y así el Presidente todo el año: “¡Mi vida, no es lo que crees! ¡Lo que ves no es!”

El asunto se le complica más al presidente cuando un grupo terrorista acribilla a mujeres y niños de la familia LeBarón…

No es que esté a favor de los Congresistas gringos para llamarles así a los del Crimen Organizado, pero es que es la única forma legal de llamar a estos sujetos que han roto cualquier lazo de humanidad con sus acciones.

Entiendo que el Gobierno de México tenga precaución, reservas, miedo, o como quiera usted calificarlo, para no llamarlos terroristas… quizás por eso para el Presidente le sea más fácil decirles “drogados” o “drogadictos” porque sólo así, cree él, se puede cometer atrocidades como las ocurridas en Minatitlán, en Coatzacoalcos, en Ciudad Juárez, o como la ocurrida en Sonora a la familia LeBarón… puede ser, démosle el beneficio de la duda, pero hay algo más que agregar para que un individuo actúe como lo hacen estos terroristas: la impunidad.

Al pan, pan; al pene, pene; al terrorista, terrorista.

 

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